Nazis en Andalucía
La Costa del Sol ocupa 200 kilómetros de tierra andaluza. En esa zona entre el Mediterráneo y la montaña, aglomerada por cientos de urbanizaciones y viviendas desperdigadas, encontraron acomodo, algunos criminales nazis buscados para rendir cuentas por crímenes atroces.
No fue el único santuario de nazis en suelo español, ni siquiera el único refugio andaluz, pero sí fue uno especialmente significado, por la cantidad y la “calidad” de quienes aquí se escondieron: el jefe de seguridad de Hitler, el llamado “Doctor Muerte”, un alto diplomático o el hijo que al Führer le hubiera gustado tener.
Tras la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, líderes nazis fueron juzgados por los tribunales creados por los aliados. Muchos fueron condenados, algunos ejecutados y otros sometidos a procesos de “desnazificación”. Otros huyeron, perseguidos por los aliados, por Israel o por cazadores de nazis, como Simon Wiesenthal, a Sudamérica, pero también a España, gracias a la buena relación entre Hitler y Franco.
La urbanización Empuriabrava de Roses (Girona), Denia, Cádiz o Málaga se convirtieron en refugio de dichos criminales. La costa andaluza tenía unas características inmejorables: condiciones climáticas excelentes, gastronomía, orografía idónea para esconderse y la proximidad a las costas de África, que permitía huir fácilmente si había problemas.
La presencia amistosa en Fuengirola de José Antonio Girón de Velasco, ministro de Trabajo, les da tranquilidad. Y finalmente se produce un efecto llamada. De esta forma, y como muchos de sus compatriotas, decenas de nazis pasaron su retiro disfrutando del sol de Málaga.
Algunos de ellos vivieron durante décadas sin ser molestados, sin que sus vecinos supieran de su pasado.
