El enigmático Arco de San Lorenzo de Jaén: historia, leyenda y escalofríos
En el casco antiguo de Jaén, entre las empinadas, angostas y empedradas calles del barrio de San Juan —más exactamente en la confluencia de las calles Almendros Aguilar y Madre de Dios— se alza una de las construcciones más sugerentes de la ciudad: el Arco de San Lorenzo.
Una joya arquitectónica con pasado
El Arco de San Lorenzo no es simplemente un arco: es lo que queda de la antigua iglesia de San Lorenzo, construida entre los siglos XIII y XIV. Tras el derrumbe de la iglesia en 1825, este vestigio quedó en pie. Declarado Monumento Nacional en 1877, logró evitar la demolición gracias al empuje de los jiennenses.
El interior del arco alberga una pequeña capilla notable por su decoración mudéjar: bóveda de ladrillo, yeserías y azulejos alicatados que recuerdan otros conjuntos mudéjares andaluces.
Así pues, en este enclave conviven historia, arte y leyenda.

La leyenda del “Padre Canillas”
Mientras el lugar invita a la contemplación durante el día, lo que lo hace verdaderamente memorable —y un tanto estremecedor— es la leyenda que desde hace generaciones ronda sus piedras.
Se dice que una fría noche de invierno, un joven caminaba por las solitarias calles del barrio de San Juan rumbo a la Plaza de la Merced tras dejar a su enamorada. En ese momento se le aparece una sombra alta, delgada, con sotana, capa y sombrero: un sacerdote que le pide ayuda para oficiar una misa en la capilla del Arco de San Lorenzo. El joven, movido por el honor o la compasión, accede.
Ya dentro de la capilla, mientras le ayuda al sacerdote, observa un detalle aterrador: donde deberían estar dos tobillos, lo que emerge de la sotana son las canillas de un esqueleto. El joven huye despavorido. Aún atormentado, al contar lo sucedido a otro sacerdote en la Plaza de la Merced, este alza también su sotana y le pregunta si “eran como las suyas”, mostrándole huesos por piernas.
Desde entonces, se dice que en las noches frías del invierno pueden escucharse los pasos ligeros del “Padre Canillas”, que camina desde el Arco hacia la Plaza de la Merced, o al menos que su presencia ronda los aledaños.
¿Qué sentido tiene la historia?
Esta leyenda cumple varias funciones simbólicas:
- El paso entre lo visible y lo oculto: el Arco, que ya es resto de algo mayor (la iglesia), se convierte en portal entre mundos: el histórico/real y el mítico/sobrenatural.
- El miedo nocturno al anonimato urbano: en un barrio, en una noche, aparece un extraño que te invita a entrar en lo desconocido.
- Advertencia moral o existencial: la ayuda generosa y la fe se mezclan con lo siniestro y lo desconocido, recordando que no todo lo sagrado es luminoso.
Si lo visitas… unos consejos
- Visítalo de día: la capilla merece la pena. Las yeserías y azulejos son de gran valor artístico.
- De noche: ten en cuenta la leyenda… y ve con prudencia. Las calles del casco antiguo son encantadoras, pero pueden resultar inquietantes cuando están vacías.
- Lleva linterna o el móvil con luz: algunas escaleras son estrechas y hay tramos oscuros.
- Si eres amante de lo paranormal o de las leyendas urbanas, párate a escuchar: quizá percibas algo más que un simple eco.
En definitiva
El Arco de San Lorenzo combina lo histórico y lo misterioso. Una construcción que en su piedra guarda la huella del arte mudéjar y la historia de Jaén, y que, cuando cae la noche y el frío se cuela entre los adoquines, despierta en las leyendas para recordarnos que no todo fue visto… ni todo quedará comprendido.
