lagartp_1

La leyenda del Lagarto de la Magdalena, la mas famosa de la capital jienense, convertida en uno de los símbolos de la ciudad Andaluza.

Hace ya muchos años, en un gran manantial del Raudal, habitaba una bestia inmunda, grande como pantanos , alto cual montaña, fiera como demonio, fea como maldición y hambrienta como rebaño de leones. Aquella horrible bestia a la que los ciudadanos llamaban Lagarto.

Decían que antaño comían muchachos o muchachas cada cierto tiempo, quizá porque fuera pequeña la bestia. Conforme crecía el Lagarto, agrandó tanto su estómago que precisó en su merienda una doncella diaria. No contento con esto, aprovechaba el amanecer para desayunarse a algún caballero trasnochado, que regresara a su casa tras disfrutar de la compañía de doncella ligera, o bien algún hortelano adormilado que se acercara al raudal. La situación era insostenible. Nadie se acercaba a su guarida. Cuando el hambre apretó a la bestia, comenzó a salir y a recorrer las calles del honrado barrio de La Malena, en busca de alimento humano para no fenecer y aliviar los dolores de su escandaloso estómago. Había que parar al monstruo

Llegó un día en que un valiente preso se ofreció a matar al Lagarto a cambio de su libertad. El Concejo de la Ciudad vió que era buena la proposición del reo, por lo que pronto fue llamado. Les explicó el presidiario el plan para semejante hazaña. Solicitó el Preso el pellejo de un cordero muerto, para que bien huela a carne de animal aún vivo, pólvora a convenir, un gran saco de panes calientes para hacer un rastro apetitoso a tan sibarita bestia y un caballo veloz. 

Un amanecer, mientras el Lagarto dormía, llegó al trote hasta su guarida. Siguiendo el plan previsto, tras despertar a la bestia inmunda, dejó un rastro de pan caliente que el Lagarto siguió hasta la Plaza de San Ildefonso. Una vez llegó allí, vio el Lagarto la piel del cordero, que previamente se había llenado del material explosivo. Encendió el preso la mecha y enseguida, de un solo bocado, tragó el Lagarto el cordero, que llegando a su incansable estómago le abrasó las entrañas y explotó, reventando el horrible animal, un estruendo como jamás se hubiera escuchado en la ciudad.

Hay quien dice que al Lagarto lo mató un valiente caballero. Otros cuentan que fue un pastor al que la terrible criatura comía sus ovejas. Dícese también que reventó la bestia tras atiborrarse de panes calientes. Nos hablan también de yesca y no de pólvora, e incluso hay quien dice que murió la bestia a manos de un caballero revestido de espejos.

Sea como fuere, lo cierto es que cuando esta reventó, se dieron tres días de fiesta. Vino y alegría repartieron las gentes por todas las calles. Las pastiras volvieron a coger agua en el manantial, los labradores volvieron a labrar, los curanderos volvieron a curar, y cada vez que alguien hizo mal desde entonces, y aún hasta hoy, dícesele fuertemente: «Así revientes como el Lagarto de la Malena».

Se trata del mito del Dragón, localizado en Jaén con gran arraigo entre su población y que, según algunos eruditos, dicho mito llegaría hasta la ciudad de manos de comerciantes fenicios, sirios o, muy posiblemente, de judíos que llegaron a la península todavía bajo dominación romana.

Fuente: http://www.turjaen.org/

Please follow and like us:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *