Cádiz capital: historias de milagros, piratas y muertes sin resolver

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La ciudad más antigua de occidente tiene años, siglos, para desarrollar narraciones asombrosas. Realizar un recorrido por la Tacita de Plata, la sirena del océano para Lord Byron, es dejarse seducir por unas historias que de tanto ser contadas no se sabe en qué momento se aferran a la realidad o ya forman parte del mito. Aquí, la Virgen de la Palma frenó el maremoto que amenazó con inundar sus barrios y calles. ‘Hasta aquí, Madre mía’, gritó el padre Capellán Macías con el estandarte de la Virgen María aquel 1 de noviembre de 1755. Y el tsunami retrocedió milagrosamente.

Cuentan los más viejos del lugar que se podría pasear por la antigua Gadir a través de un laberinto infinito de galerías y pasadizos subterráneos. De ahí tantas historias y piratas y las famosas cuevas de María Moco, una mujer gitana que vivía en estas grutas.

La Bella Escondida es una de las edificaciones más simbólicas de la capital, pese que se puede ver desde el exterior al encontrarse enclavada en la azotea del edificio de la calle José del Toro, 13. Un precioso mirador propio de la época de cargadores a Indias, desde donde se divisa la llegada de los barcos al puerto gaditano. Destila un romanticismo tal que aseguran la construyó un generoso padre cuya hija ingresó en el convento de la calle Feduchy. La levantó en ese lugar para que su niña pudiera verla desde su reclusión y recordara el amor de un padre por su hija.

En Cádiz es bien conocida la leyenda de la Casa de los espejos, que también comprende la relación entre un progenitor y su chica, a la que colmaba de regalos cada vez que volvía de sus continuos viajes. Sobre todo de espejos que la joven coleccionaba. La madre, llena de odio y envidia, decidió envenenarla, para pesar de un padre al que le aseguró que se trató de un accidente. Una noche, este hombre se levantó al escuchar la llamada de su hija, a la que pudo ver reflejada en los numerosos espejos, desde donde le manifestó la verdad de su muerte. Son muchos vecinos los que han visto sombras en las ventanas y ruidos durante la noche procedentes de este inmueble situado en la Alameda. Quizás, la niña sigue llorando por el crimen cometido.

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