Misterios y leyendas en Huelva a través de la Historia, por José Manuel García Bautista
Decía Platón en sus diálogos críticos ‘Critias’ y ‘Timeo’ que más allá de las columnas de Hércules (nuestro actual Estrecho de Gibraltar) se encontraba una tierra rica y legendaria, que alimentaba la imaginación de unos y la codicia de otros. Una tierra idealizada y que, mimetizada con el medio, parecía esconderse recelosamente de todo aquel que osaba desvelar sus secretos.
A aquella tierra esquiva e ignota la llamaron Atlántida, la tierra de los sueños… y quizás tras esas columnas de Hércules encontremos una tierra rica en Historia, en leyendas y misterios. La vieja Onuba, bañada por las aguas de ese extraño océano llamado Atlántico y regada por la evanescencia del Guadiana o la reunión del Tinto y el Odiel, tan ligada a la mar y a sus secretos, aportaría a esta vieja piel de toro nuestra mil y una sorpresas en forma de misterios, a las brumas de Ávalon que tantos nativos del añejo imperio británico hizo llegar a sus cuencas mineras para mezclar culturas y carismas.
Tolkien nos habló de la Tierra Media en su epopeya ‘El Señor de los Anillos’ pero a Huelva también se la llama la ‘Tierra Llana’ y en su provincia podemos encontrar no menos epopeyas de las que nos contaba el británico de Sudáfrica en su legendaria obra.
¿Quién dijo que a Huelva le faltaban misterios? La grandeza de la fortaleza de Baal, de la Onos Baal, del mítico dios del Sol y del fuego fenicio o las tradiciones indoeuropeas; la Welba cristianizada o la evocadora Olba de Adolf Schulten ha visto por sus blancas playas atlánticas o su verde serranía vivir momentos de gloria y grandeza de la mano de esos atlantes perdidos llamados tartessios, de los mercaderes y colonizadores fenicios hasta los siempre belicosos y reformadores romanos.
Momentos de esplendor y civilizaciones perdidas que jamás fueron encontradas y que ya nunca volverán. Pero el progreso no se detiene y es de la mano musulmana cuando nuestro paraíso atlántico se convierte en un reino de Taifas hasta 1492, el año del Descubrimiento y sus misterios. El año en el que Cristóbal Colón, el almirante de la mar océana descubría un nuevo mundo. ¿O tal vez no? ¿O tal vez otros llegaron antes y el genovés usurpó tal honor? Los misterios del Descubrimiento, de los navegantes anónimos y de la importancia histórica de los lugares colombinos en la Historia de España.
La Reconquista cristiana marcó un antes y un después en esta Iberia nuestra, pero también marcó la llegada a Huelva de una legendaria, monástica y guerrera orden: la Orden del Temple, que nos dejaría lugares, huellas y vestigios inequívocos de su presencia en la provincia, plaza fuerte de unos Templarios que vieron acabar sus días por la codicia de un rey francés con mucha codicia y poca alma.
Cuna y punto de partida de un descubrimiento del que, sin embargo, se vio aletargada a favor de otros puertos como Cádiz o Sevilla, sus costas vieron partir a los pioneros hacia aquel Nuevo Mundo y el arribar de piratas berberiscos o brotes de mortales epidemias que diezmaron su población.
En el siglo XVIII el desolador terremoto de Lisboa deja su huella en la ciudad y se inician una serie de obras reformadoras que removerían la tierra y su pasado. En 1873 la industrialización llega de manos británicas y la Río Tinto Company Limited tiene el honor de comenzar las explotaciones mineras tan importantes para la vieja Onuba. El tiempo, la Ciencia y unas especiales condiciones harían que descubriéramos un trocito del planeta Marte en Huelva, en Río Tinto, toda una experiencia científica.
La Segunda Guerra Mundial alcanza a nuestra provincia y a este país nuestro declarado neutral para dejarle un nuevo misterio: el paracaidista que nunca existió y la historia de uno de los mayores enigmas y engaños de aquella gran guerra. Era la ‘Operación Mincemeat’ todo una incógnita por descifrar.
Y Huelva crece y en su crecer comienza a ver surgir nuevos edificios, nuevas calles preñadas de olor a mar, de esperanza, de cordialidad y conquista.
La bella y vieja Onuba reverdece laureles con la eclosión urbanística y su importancia en este lado occidental de nuestra Andalucía eterna cerca de esa hermana lusitana que tantas aspiraciones tuvo sobre la hermana pequeña de nuestra tierra. Y en ese crecer surgen edificios de leyenda y misterios…
Hospitales malditos de insignes nombres y negras experiencias, de viejos caserones reales de pesadillas, de conventos que entre rezos y oraciones ven surgir a una ‘hermana’ que jamás quiso abandonar sus celdas, y tantas y tantas historias por contar. Son los fantasmas de Huelva, los que están, los que son y los jamás se fueron.
Y en sus costas el misterio, y en su interior el misterio, y en sus cielos el misterio. Porque el fenómeno del siglo XX, el fenómeno OVNI, no se olvida de esta bendita tierra y deja ver sus discoidales formas para sorpresa de unos y admiración de otros. Quizás los más temerosos rezan una oración para pedir por su protección de estos extraños artefactos a una Madre de Dios que deja su huella en esta tierra mariana para sobrecogernos con las apariciones que la Reina de los Cielos ha dejado su geografía.
